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leiluy Nishmat: Abí Umorí Eduardo ben Latife, Z”L
perashat behar-bejukotay
“Y si se empobrece tu hermano… lo sostendrás… y vivirá contigo. (Vaikrá 25:32)
Este versículo nos enseña que es una obligación ayudar financieramente a otro judío que necesite una ayuda Tzedaká. Es una Mitzvá prestarle o darle dinero para que realice sus negocios o alguna transacción necesaria para la cual le faltan los medios. La Torá enfatiza el deber de ayudar económicamente a otro judío antes de que quiebre o que se vea obligado a aceptar caridad.
Hashem creó diez objetos; cada uno es más fuerte que el otro: La roca es fuerte, pero el hierro la rompe. El hierro es fuerte, pero el fuego lo derrite. El fuego es fuerte, pero el agua lo extingue. El agua es fuerte, pero las nubes la cargan. Las nubes son fuertes, pero el viento las dispersa. El viento es fuerte, pero el cuerpo lo detiene. El cuerpo es fuerte, pero el miedo lo quiebra. Sin embargo, la muerte es más poderosa que todo lo mencionado con anterioridad. La Tzedaká es aún más poderosa, pues rescata a la persona de la muerte.[1]
Los discípulos de Rab Yeshayele Muskat de Praga tenían una pregunta que les molestaba. Habían aprendido que los años de vida de la persona son fijados desde que nace. También aprendieron que “la caridad salva de la muerte”[2]. ¿Entonces la vida está limitada por el destino o puede uno cambiarla? Rab Yeshayele les respondió: “Cuando uno da al pobre más de lo que sus posibilidades le permiten, Hashem se comporta con esa persona de la misma manera, le otorga más días de vida de lo que le había sido destinado”.
El Zohar explica que el indigente es considerado como un muerto, por lo tanto aquel que le dio dinero es como si le regresó la vida, Hashem se comporta con el ser humano, Midá KeNegued Midá, (con la cualidad de correspondencia), por lo tanto también lo va a otorgar vida.[3]
En la ciudad de Tzfat vivía un hombre piadoso conocido como “Biniamín HaTzadik”, la gente de la ciudad lo había asignado como administrador de los fondos de Tzedaká. Una fuerte hambruna azotaba a la ciudad, una mujer fue a casa de Biniamín HaTzadik para pedir una limosna. La caja se encontraba vacía por lo que se vio obligado a negarle el donativo. La mujer insistió, ya que temía por su vida y la de sus siete hijos. Entonces el Tzadik decidió mantenerla con su propio patrimonio. Después de un tiempo, el hombre enfermó y se hallaba en su lecho de muerte. Pero los ángeles intervinieron y rogaron delate del Todopoderoso para que no muriese tan joven. En ese momento se anuló el decreto Celestial y le fueron concedidos 22 años más de vida.[4] Feliz de aquél que piensa en el pobre; en los días malos, El Eterno lo rescatará.[5]
La palabra ‘Tzedaká’ significa rectitud o justicia. Significa que no es meramente un acto de dar caridad al pobre; es la obligación de cada Yehudí en particular de ayudar a su hermano.[6] El Metzudat David explica lo siguiente: La Mitzvá de Tzedaká aboga, en el Cielo, a favor del donador, cuando su dádiva es íntegra, es decir, que da con pureza y no con la intención de vanagloriarse.[7]
El suegro de Rabí Yehonatán Aibshitz le había dado 300 monedas de oro, con el fin de liberar su mente de la presión financiera. Un día, instalaron una casa de Avodá Zará junto a la Yeshibá de Rabí Yehonatán. Hacían tanto ruido dentro de esa casa, que molestaba a los alumnos del Bet Midrash. Uno de los más afectados, era el compañero de estudios del Rab. Estaba tan molesto que decidió entrar a la casa de Avodá Zará y destruir las estatuas que había allí. Los dueños del lugar sabían que los Yehudim intentarían hacer algo como esto, por consiguiente se escondían en la noche para apresar a quien lo intentara y así fue que atraparon al Yehudí y lo escondieron en un calabozo.
Al otro día, se enteró toda la Kehilá de lo ocurrido, querían liberarlo pero no podían, porque no sabían dónde estaba. Los únicos que conocían su ubicación eran dos guardias que lo cuidaban de día y de noche. Un día, uno de los carceleros, se acercó a un Yehudí y le dijo que los jueces habían dictaminado quemar al prisionero, ofreció liberarlo a cambio de trescientas monedas de oro, ni una menos. La gente escuchó la terrible noticia y comenzaron a colectar el dinero. Cuando el Rab se enteró, fue de prisa a su casa, tomó todo el dinero que tenía, pagó la suma solicitada y su compañero fue liberado. Mientras tanto, los hombres de la congregación habían juntado la mayoría del pago exigido, y cuando se lo llevaron al Rab, les dijo que ya no hacía falta. Ellos le insistieron, querían participar de esta importante Mitzvá, el Rab se negó y tuvieron que regresar a cada uno su aportación.
El Rab no sabía cómo decirle a su esposa que se había gastado todo el dinero que tenían para vivir. Decidió irse unos días de la ciudad, para cuando él regrese ella ya se habría enterado y así podría explicarle lo sucedido. Mientras tanto, cuando los jefes del guardia se percataron que el prisionero se había escapado, lo sentenciaron a morir en lugar del Yehudí. El cuidador se dio cuenta y escapó. Como no podía llevarse todo el dinero que tenía, decidió dejárselo al Rab para que lo cuidara mientras se escapaba, sabía que era una persona honesta y que se lo regresaría a su regreso. Cuando llegó a casa del Rab, la esposa le dijo que se encontraba fuera de la ciudad, el guardia le relató lo sucedido y entregó un barril lleno de dinero, antes de irse le dijo que si no volvía podían quedárselo. El guardia huyó, pero sus perseguidores lo alcanzaron y lo quemaron.
Mientras tanto, el Rab regresaba a su casa sin saber que su esposa ya conocía la historia. Cuando la mujer lo vio entrar, le relató lo sucedido y le mostró las monedas. Cuando el Rab miró el barril, se percató que había mucho más de lo que había aportado y se puso a llorar. La esposa le preguntó: “No entiendo, ¿Por qué lloras?” Él respondió: “Porque nos pagaron la Mitzvá que hice, y eso quiere decir que no la han aceptado, porque si hubiera sido así, el pago lo hubiésemos recibido en el Mundo Venidero”. Entonces decidió ayunar para conocer la respuesta. Al tercer día sueña que le dicen: “La razón por la cual te regresaron tu dinero fue porque no quisiste compartirla con el resto de la Kehilá”.[8] No es lo mismo cuando muchos realizan una Mitzvá que pocos haciéndola.[9] © Musarito semanal
“Hay quienes ven una moneda y se agachan hasta el suelo para tomarla. Pero también hay quienes se alzan a sí mismos hasta el cielo y no se agachan por su compañero ni un centímetro”.[10]
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Leiluy Nishmat de: Yosef ben Zekíe, Z”L y Yemil ben Letife, Z”L
Perashat Behar-Bejukotay; Viernes 18 de Mayo 12
Horarios Cd. de México:
Encendido velas 7:48 Jizuk 7:36
Salida del sol: 7:00, Kriat Shemá 1°: 9:40, 2°: 10:16, Tefilá: 1°: 10:58, 2°: 11:22
Jatzot (medio día): 1:33, Fin Shabat: 8:51 Rabenu Tam: 9:18
[6] Yad Haktaná, Hiljot Deot, 8:1
[7] Ver comentario del Metzudat David sobre el versículo 13:6 del Mishlé
[8] Extraído del Sefer Leb Shalom
[10] Rabí Yitzhak Meir Alter