El hombre ve solo lo que quiere ver

 

 

 

“Miró y advirtió, que la zarza ardía en el fuego, y no obstante no se consumía”. 3: 2.

 

 

 

La familia de Yaacob desciende a Mitzraim y se establecen allí. A los egipcios les atemorizaba el crecimiento demográfico que estaban mostrando y es entonces, que el nuevo faraón, temiendo que se aliaran a los enemigos para derrocarlo, comenzó a oprimirlos hasta que terminó esclavizándolos. Sin embargo, cuanto más los afligía, más aumentaban y se extendían. El monarca ordenó que todo niño de Israel que naciera fuera arrojado al Nilo. En medio de ese rigor y abatimiento, nació Moshé. Cuando su madre no pudo ocultarlo más, lo colocó en un canasto y lo dejó entre los juncos a la orilla del río. La hija del Faraón lo rescató y lo crio en su palacio. Después de haber crecido, salió a sus hermanos y vio sus cargas. Y vio a un hombre egipcio que golpeaba a un hombre hebreo. Se volteó hacia uno y otro lado y vio que no había nadie, así que mató al egipcio y lo ocultó en la arena.[1]Cuando el Faraón oyó de este asunto, intentó matar a Moshé, así que huyó de la presencia del Faraón y se asentó en la tierra de Midián.[2]Allí se casó con Tziporá, la hija de Yitró, y le asigna el cuidado de su ganado. Cierto día, mientras cuidaba los rebaños cerca del monte Joreb, una de las ovejas se escapó y Moshé salió a buscarla; Entonces tuvo una visión extraordinaria: una zarza, estaba encendida, mas no se consumía. Moshé pensó: “Ahora me acercaré y contemplaré: ‘¿Por qué el fuego no la consume?´ Hashem vio que se acercó, y lo llamó desde en medio de la zarza: ‘Moshé, Moshé´, y respondió: “Heme aquí”.[3] “Te enviaré al faraón y sacarás a Mi pueblo, los Hijos de Israel de Egipto”.[4]

 

 

Imaginemos a Moshé preguntándose: “¿Me pide que entre y saque a toda una nación del lugar más impenetrable del mundo? Además, si llego a conseguirlo ¿dónde voy a ir con millones de personas que incluyen ancianos, mujeres y niños? La única opción es hacia el árido e inhóspito desierto… ¿Cuántos podrán sobrevivir allí sin agua ni comida?”. Hashem le responde: “Yo los sacaré de allí, Yo también los protegeré y los alimentaré, no solamente durante toda la travesía por el desierto, lo haré también después que sean exiliados; estaré junto a ellos durante las expulsiones, persecuciones y progroms. Ahora iras tú en mi nombre a liberarlos del yugo egipcio y a partir de entonces, se convertirán en mis esclavos. Cuando estén a la mitad del desierto, les entregaré la Torá y cada uno tendrá la obligación de cuidarla, estudiarla y cumplirla. Me mostré ante ti en una zarza encendida y espinosa; ese pequeño arbusto representa a la persona misma,[5] y así como un árbol no puede subsistir sin agua, tampoco el pueblo de Israel puede sobrevivir sin la Torá, la cual fue comparada con el vital líquido.[6] La persona que no cumple Torá y mitzvot, se consume en el fuego de los deseos.[7] Y las espinas muestran que con ellos Yo estaré en tiempos de sufrimiento.[8]

 

 

Un residente de Israel describió la sorprendente forma en la que cambió su vida. Contó que su corazón siempre estuvo cerrado ante la educación judía que sus padres se esforzaron en inculcar en él. Hicieran lo que hicieran, él se escabullía y no escuchaba a nadie y así creció. Cierto día se encontró con un amigo de la infancia y le platicó que había visitado la India, la idea le agradó, sabía que el periodo de vacaciones se acercaba, así que comenzó a visitar agencias de turismo para realizar las reservaciones. Mientras el agente buscaba las mejores opciones para el viaje, él tomó un folleto que decía: “visite Polonia”, comenzó a hojearlo, y mientras veía las fotografías, recordó que su mamá, ya fallecida, siempre le contaba las historias de su ciudad natal. El agente irrumpió sus pensamientos: “Lo siento, los pasajes hacia India están agotados, ¿desea que busquemos en otro lado?” Miró el folleto que tenía todavía en mano y lo levantó: “¿Podríamos intentar en este lugar?”. El agente hizo sonar las teclas de su ordenador: “Quedan pocos lugares...”. Antes de cerrar la reservación se aseguró que quienes organizaban el viaje no tuviesen nada que ver con la posibilidad que quisieran acercarlo al judaísmo, y entonces confirmó su reserva.

 

 

Llegó el día, se encontró con el grupo y junto partieron hacia el “viejo mundo”. Visitaron varios puntos de interés, entre ellos estaba una antigua sinagoga, que estaba edificada cerca de donde residieron algunos de sus familiares, entonces se animó a entrar. Encontró una escalera que lo llevaba al lugar de las mujeres y subió por ella. A lo lejos se veía una pila de libros antiguos llenos de tierra. Empezó a curiosear y se quedó con uno de ellos en la mano. Lo empezó a hojear y de repente se escuchó un grito de su boca. ¿Qué había pasado? En la contra pasta estaba inscrito el nombre de su abuelo materno. Empezó a recordar todas las historias que su mamá le contaba de él. Siguió hojeando el libro, hasta que en una de ellas encontró una hojita de Hadas (el mirto que usamos en Sucot.) La hojita estaba milagrosamente verde, como si recién había caído dentro del libro. Se puso a pensar y se dio cuenta de que su estrecha relación con las generaciones anteriores era plena y exclusivamente por intermedio de las Mizvot que lo unían a todo el Pueblo. Todas las palabras que hablaron anteriormente para que hiciera Teshubá le venían a la memoria en ese instante. Quiso salir corriendo, pero una cálida voz interior regresaba su mente a sus raíces, entonces comenzó a llorar y de esta forma se unió con Hashem y decidió volver al camino de la Torá. Lo que nadie en su país natal pudo conseguir, lo encontró en un pueblo abandonado en Polonia... Se puso a pensar y llegó a la conclusión. ¿Cómo decidí viajar si tenía pensado ir a la India previamente en lugar de Polonia? ¿Cómo entré a ese Bet Hakeneset abandonado? ¿Por qué subí al lugar de las mujeres? ¿Por qué se me ocurrió investigar entre todos esos libros viejos? ¿Quién hizo que justo el libro de su abuelo fuera a mis manos? ¿Para qué seguí hojeando el libro hasta encontrar la hoja de mirto? ¿Quién hizo que esa hoja cayera en el libro hace tantos años atrás? ¿Por qué mi abuelo no la sacó del libro cuando cayó en él? La respuesta a todas estas preguntas fue una sola. Hashem calculó todo desde el principio, hace 70 u 80 años atrás para que él abriera los ojos e hiciera Teshubá.[9]

 

 

Detente ahora querido lector y reflexiona: ¿Qué hubiese pasado si Moshé no hubiera puesto atención en lo que sucedía y simplemente hubiera seguido su camino? O si hubiera dicho, ahora no es el momento, probablemente después…, no me siento listo para dar el paso… ¡Nada, para su desgracia no hubiese sucedido nada! Moshé seguiría siendo el pastor de las ovejas de su suegro y Hashem hubiera encontrado a otro para que fuera el guía y salvador de Israel. ¿Qué fue lo que decidió el curso de su vida? ¡Solamente puso atención, observó y se percató que algo extraordinario sucedía allí…!

 

 

¿Alguna vez has tenido la sensación de que estás por escuchar algo que cambiará tu vida para siempre?

 

¿Cuántas veces te han sucedido cosas inesperadas, situaciones milagrosas…? ¿Sabes para qué? Para que abras tu corazón y te percates que Hashem quiere decirte algo. Solo presta atención, ve el fuego y escucha la sutil voz que emana de en medio de él. Rabí Janiná Bar Isi decía: A veces el universo en toda su grandeza es insuficiente para contener la Gloria de la Divinidad. Pero otras veces, Hashem habla con el hombre por entre los cabellos que están en su cabeza.[10] Hashem siempre estará a tu lado, no importa que tan lejos hayas llegado, Él está dispuesto a perdonar y olvidar el abandono, siempre y cuando estés dispuesto a cambiar el rumbo. Acércate, investiga y descubre lo dulce y maravilloso que es el entender y cumplir la Torá. Porque la Mitzvá ésta que Yo te encomiendo hoy no es extraordinaria de ti ni está alejada de ti. No está en el Cielo, para que digas: ‘¿Quién subirá por nosotros al Cielo para que la tome para nosotros, y la escuchemos y la hagamos?’. Tampoco está al otro lado del mar, para que digas: ‘¿Quién cruzará para nosotros el mar y la tomará para nosotros, y la escuchemos y la hagamos?’. Sino que está cerca de ti la cosa, mucho; en tu boca y en tu corazón, para hacerla.[11].© Musarito semanal

 

 

“Un milagro sirve para probar lo imposible, y sólo es útil para confirmar lo posible”.

 

 

 

 

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Horarios Cd. de México: Viernes de 20 de enero 17

 

 

Encendido velas 6:03 Jizuk 6:52

Salida del sol: 7:13, Kriat Shemá 1°: 9:24, 2°: 10:00, Tefilá: 1°: 10:32, 2°: 10:56

Jatzot (medio día): 12:48, Fin Shabat: 7:07 Rabenu Tam: 7:34

 

 

Para Refuá Shelemá de: Ruth bat Victoria, Eliahu ben Esther, Yaacob ben Ruth, Rajel Jaya bat Adel Janom. Isaac ben Altún Antonia. Mazal bat Bedía.

 

Leiluy Nishmat de: Yosef ben Elvira, Z”L Shajud Shaúl ben Boliza.

 

 

 

 

 

 

 

1    Shemot 2:11-12

 

2    Ídem 14

 

3    Shemot 3:2-4

 

4    Shemot 3:10

 

5    Debarim 20:19

 

6    Taanit 8a

 

7    Rab David Pinto

 

8    Tehilim 91:15

 

9    Extraído del Sefer Alenu Leshabeaj.

 

10  Bereshit Rabá 4:4

 

11  Debarim 32:14

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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