No todo el dinero que tenemos es nuestro

 

 

 

“Cuando prestes dinero a Mi pueblo, al pobre que está contigo, no actuarás hacia él como un acreedor…” (22:24).

 

 

La narración de la entrega de la Torá que recibimos en el Monte Sinaí y sus ordenanzas se encuentra dividida en dos partes: en la Perashat Itró, donde escuchamos los Diez Mandamientos, y en Mishpatim, donde encontramos las leyes concernientes a la justicia social. Hay quien llega a equivocarse con la idea de que estas leyes son de menor importancia que las mencionadas en los Diez Mandamientos; por eso la Perashá comienza diciendo: Y estas son las leyes. La conjunción “Y” viene a unir la Perashá de esta semana con la anterior, para mostrarnos que así como las leyes que gobiernan la relación del hombre con Hashem provienen del Sinaí, las leyes de justicia social no fueron establecidas por medio de la lógica del ser humano: fueron también dictadas por el Creador del mundo en el Sinaí.

 

El versículo de referencia nos enseña la obligación que tenemos de prestar dinero al necesitado, y que debemos otorgar esa ayuda de buena manera y complacientemente, no de mala gana y con rostro adusto. Que no debemos actuar con él como un acreedor quiere decir no reclamarle lo que debe por la fuerza ni con desprecios. Si tú sabes que él no tiene con qué pagar, tu comportamiento hacia él debe ser como si no te debiera nada, para que no le causes vergüenza.[1] Hay que tratarlo de la misma forma que nos gustaría que fuéramos tratados, si el caso fuera al revés. Explican los Jajamim que el motivo de apoyar al necesitado es para que las personas se acostumbren a actuar con compasión y benevolencia, ya que por medio de estas cualidades podrán acercarse a la Bondad Divina. Al brindar al ser humano sólo el bien, Hashem exige que él mismo se convierta en el recipiente necesario para recibir Su bondad. Por eso dice: Cuando prestes, dice Hashem, eres gente de Mi pueblo, pues actúas como Yo, que presto y doy constantemente sólo por beneficiar a los demás. La mitzvá de prestar no se limita sólo al dinero; también debes poner a disposición de quienes los requieran tus objetos e incluso tu tiempo y tu sabiduría.

 

Un hombre rico no necesariamente merece su riqueza, ni una persona pobre su pobreza. Esto depende exclusivamente de Hashem. El hombre rico debe pensar que él es sólo un guardián de ese dinero. El versículo enfatiza las palabras del pobre que está contigo. Quiere decir que cuando tú estás dando a alguien un préstamo, ¡en realidad le estás dando acceso a su dinero! Solamente fue puesto en tus manos para probar qué tan obsesionado estás con “tu” riqueza.[2] La voluntad de una persona es representada por su corazón. Y el corazón se expresa por medio del “bolsillo”. Por eso dice: Al pobre que está contigo: el pobre (que acepta la ayuda) hace un favor mayor al rico que el rico al pobre. Porque el rico da unas monedas al necesitado, pero el pobre le da el mérito de tener parte en el Mundo Venidero.[3] Lo único que realmente tienes es lo que das….[4]

 

Turnus Rufus, el perverso, gobernador de Éretz Israel en la época de la ocupación romana, preguntó a Rabí Akibá: “Si Hashem ama a los pobres, ¿por qué no los mantiene?”. Rabí Akibá respondió: “Porque por medio de la tzedaká nos salva del Guehinam (purgatorio)”. Dijo Turnus Rufus: “Por el contrario, ¡esos donativos los harán ir al Guehinam! Y para demostrarlo, voy a darte un ejemplo: un rey de carne y hueso se había enojado con uno de sus sirvientes. Lo encerró en una prisión y ordenó que nadie le diera de comer. Un hombre se acercó al calabozo y clandestinamente alimentó al prisionero. Al día siguiente el rey se enteró. ¿Cómo crees que habría de reaccionar? ¿Acaso no debía estar furioso? Pues yo creo que ustedes están haciendo lo mismo al sustentar a los pobres. Si el rey quiere que sufran, ¡déjenlos sufrir!”.

 

Rabí Akibá respondió: “Te voy a responder con otro ejemplo: un rey de carne y hueso se había enojado mucho con su hijo; lo mandó encarcelar y ordenó que no le diesen alimento alguno. Cierto hombre fue allí y ocultamente le dio de comer´”. Preguntó Rabí Akibá: “¿Cómo crees que reaccionaría el rey? ¿No crees que lo recompensaría por haber evitado un sufrimiento a su hijo?”.[5]

 

En ocasiones, la persona pide algo en sus plegarias y no recibe respuesta. Esto puede ser porque no tiene los suficientes méritos para que eso que pide le sea concedido. Cuando la persona se dedica a ayudar a otros y presta dinero o lo que necesite a quien se encuentra en un problema, logrará que del Cielo le concedan lo que pida, aunque no lo merezca. Porque Hashem se comporta con ella como ella se comporta con los demás. Él paga a la persona con “la misma moneda”, y así como ayudó a su prójimo, de manera espontánea también recibirá “ayuda del Cielo” sin que haya creado méritos para ello. Como dice en Tehilim: Y de Ti es el favor. Porque Tú recompensas a la persona según su acción.

 

Un filósofo preguntó a Rabán Gamliel: “Tengo entendido que tu Torá te ordena dar caridad una y otra vez. ¿Cómo puedes disponer del dinero sin preocuparte de tu futuro? ¿Acaso no es razonable ahorrar para los tiempos de necesidad?”. Rabán Gamliel le preguntó: “Si te piden un préstamo en este momento, ¿estarías dispuesto a prestar una gran cantidad de dinero?”. El filósofo respondió: “¡Bueno, depende de quién lo pida! Si quien lo solicita es un extraño, tendría miedo de perder mi dinero”. Entonces preguntó el Rab: “¿Qué pasa si el solicitante ofrece garantes?”. Contestó el filósofo: “Bueno, si supiera que son confiables, aceptaría”. Siguió Rabán Gamliel: “Si quien te solicita el préstamo ofrece como garante al jefe del gobierno, ¿le prestarías?”. El filósofo afirmó. “Seguramente le prestaría el dinero en estas circunstancias, porque estaría totalmente seguro de que mi préstamo queda garantizado.” Rabán Gamliel explicó: “Cuando alguien da caridad, en realidad extiende un préstamo garantizado por el Creador del Universo. El que es benevolente para con los pobres presta al Eterno, y su buena acción será recompensada.[6] Hashem compensará al benefactor en este mundo restituyéndole el ‘préstamo’, y reservará la compensación total para el mundo futuro. Nadie es más confiable que el Creador; si Él garantiza devolver el dinero de un donante, ¿por qué alguien dudaría de dar caridad?”.[7]©Musarito semanal

 

“Si trajeres aquello que has preparado para ti mismo al pobre y satisficieras al alma afligida, entonces tu luz se levantará en la oscuridad y tu oscuridad será como el medio día.”[8]

 

 

 

 

 

[1] Mejiltá; Babá Metzía 75b.

 

[2] Alshij.

 

[3] Pelé Yoetz, Empeño.

 

[4] Rabí Shemuel Hamaguid.

 

[5] Babá Batrá 10a.

 

[6] Mishlé 19:17.

 

[7] Midrash HaGadol 16:10.

 

[8] Yeshayá 58:10.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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