Perek 1, Mishná 11 continuación…

 

 

Dijo Abtalyón: ¡Oh sabios, sean prudentes con sus palabras! No sea que se hagan merecedores del exilio y sean exiliados a un lugar de aguas amargas, y los discípulos que los sucederán las beban y mueran, y con ello sea profanado el Nombre del Cielo.

 

La máxima de Abtalyón advierte: ¡Hombres sabios, tengan cuidado con sus propias palabras! Quiere decir: cuando ustedes intenten interpretar las palabras de la Torá, deberán ser extremadamente cuidadosos en ofrecer a sus discípulos sus propias explicaciones o racionalizaciones, inclusive en los casos en las que la misma Torá ofrece razones para las citas. A través de la historia, hemos visto como individuos se han tropezado sacando falsas conclusiones. Incluso el rey Shelomó, quien representaba el máximo exponente de autoridad civil en la tierra, y llegó a la categoría de ser mencionado como el más sabio de todos los hombres,[1] tropezó con su razonamiento; leyó en la Torá: Y no deberá [el rey] aumentar para sí demasiadas mujeres, para que su corazón no se desvíe [del Creador],[2] se equivocó pensando que a él, una gran cantidad de cónyuges no lo harían perder el equilibrio,[3] pero al final su autoconfianza fue algo muy perjudicial: Y fue en la ancianidad del rey Shelomó, que las mujeres apartaron su corazón del Creador, y ya no sirvió al Eterno con corazón íntegro como su padre David.[4] Este error provocó que sus hijos perdieran la soberanía de Israel.[5]

 

Rab Jayim de Volozhin afirma que el Creador no reveló a la humanidad las razones fundamentales de sus mandamientos, ni siquiera a Moshé, el más grande de los profetas.[6] El motivo es porque el ser humano, con su frágil intelecto, no tiene la capacidad de captar la verdadera y absoluta razón de cualquier precepto.[7] Cada persona que difunde conceptos de Torá, debe ser excepcionalmente cauto al explicar la inescrutable Voluntad Divina, que está infinitamente apartada de cualquier lógica humana. Hemos escuchado a quienes dicen: “Seguramente la Torá prohibió encender las luces en Shabbat, debido a que en el pasado, se tenían que frotar dos piedras para obtener fuego, además, tenían que entrar al bosque a talar árboles o a recolectar leña para mantener la llama encendida, esto exigía la inversión de mucho esfuerzo, y este trabajo no sería lógico para un “día de descanso”, pero en estos tiempos en los que, solo se requiere oprimir un interruptor, o inclusive es suficiente “solicitar” a un dispositivo electrónico que encienda la luz, ¿qué problema tiene? ¿Acaso estar en una habitación bien iluminada, no es más placentero para disfrutar más del Shabbat…?

 

O también podemos encontrar a quienes argumentan que, hoy que existen tantas formas de informarnos acerca de los productos que consumimos, y en la mayoría de los países se establecen normas gubernamentales de control e higiene de los alimentos, y además existen equipos de refrigeración bastante eficientes para conservar los alimentos, manteniendo su frescura y nutrientes, ¿tal vez ya no sea necesario cuidar las leyes de Kashrut…? entonces, ¿por qué se nos exige vivir en este mundo tan avanzado, cumpliendo leyes tan “obsoletas?”, ¿Cómo pretenden los Jajamim que mi comportamiento y costumbres sean tan distintas a los seres con los que convivo? ¡Es qué son tantas prohibiciones…!

 

Debes saber querido lector, que ésta es una de las artimañas más efectivas que posee el Yétzer Hará (el Instinto Maligno), y con ella hace tropezar a miles de Yehudim. Lo primero que deberás entender es que las Mitzvot prescritas en la Torá son de origen Divino, y por más que trates de encontrar una explicación, no lograrás alcanzar el fondo que cada una de ellas tiene, no son aptas para la lógica de ningún ser humano, ni siquiera en la mente del más sabio de todos los hombres. El cumplir con cualquier precepto, a pesar de no conocer los motivos de este, demostrará una subordinación incuestionable al Todopoderoso. Y lo mismo aplica con respecto a los decretos de los Jajamim, quienes conocen la naturaleza humana, y por ende, hicieron edictos que vienen a salvaguardar las Leyes de la Torá. Por ejemplo, los Jajamim prohibieron leer a la luz de una vela en Shabbat, explica el Talmud, que la razón de esta legislación es porque el lector puede sentirse tentado a mover la mecha para subir o bajar la intensidad de la luz:

 

Relata el Talmud que, Rabbí Ishmael ben Elishá, confiado a que él podría cuidarse de no mover la vela, estudiaba frente a ella. En cierta ocasión en la que se encontraba absorto en su estudio, movió la lámpara sin darse cuenta, violando así el Shabbat. Cuando se percató de lo que había hecho, exclamó: ¡Que ciertas fueron las palabras de nuestros Sabios, al establecer la prohibición de leer a la luz de una vela en Shabbat! [8] Vemos que, incluso una persona de la estatura de Rabbí Ishmael ben Elishá reconoció que la prudencia demostrada por nuestros Sabios es acertada, pues son un cerco protector de las Leyes de la Torá, los decretos de los Jajamim forman parte de la estructura de la misma Torá.

 

Cierta vez, un ave se quejó ante el Todopoderoso: “¿Por qué me hiciste tan pequeña, vulnerable e indefensa? Comparada con los demás animales de la selva, no soy nada. Mira la majestuosidad del león, la altura de la jirafa o el tamaño del hipopótamo; todos son más grandes fuertes y rápidos de lo que yo ni siquiera pudiera imaginar… ¿Por qué? Yo quisiera ser como cualquiera de ellos. Además, fíjate en estas enormes alas que me pusiste, estas me complican el caminar y me es difícil para desplazarme por la selva, son tan pesadas que no puedo correr cuando alguien me persigue”. Entonces el Creador le respondió: “¡Si en lugar de utilizar tu mente para ver lo que poseen los demás, la usaras para ver las ventajas de esas alas que te otorgué, entenderías que ellas son las que te hacen ser tan especial, son esas alas las que te permiten volar y mantenerte muy por encima de los demás animales! También entenderías que el hecho de ser tan vulnerable, es para que nunca te olvides de Mí…”

 

Las Mitzvot nos sirven para remontar el vuelo hacia arriba, son un maravilloso recurso que nos sirven para romper las ataduras que nos mantienen apegados al materialismo, son nuestra conexión con el Todopoderoso. Debemos fijar nuestra mirada hacia un horizonte más elevado. Acerquémonos un poco más hacia el cumplimiento de las Mitzvot, hay que probar un poco del elíxir de la Torá para entender lo delicioso y lo beneficioso que es, aunque en ocasiones no entendamos los motivos. ¡Seamos hombres libres! La grandeza del hombre reside en su humildad. Su tarea es servir al Eterno con amor y convicción, el entendimiento de cada precepto no debe ser el motivo para su cumplimiento, sino simplemente un resultado más entre todo lo que resulta de la observancia. Aquel que es capaz de someterse al Eterno, entonces podrá volar, elevarse, crecer y ser libre...[9]  ©Musarito semanal

 

 

 

“Nunca hubiera querido servir a un D-os cuyos caminos son entendidos por medio del cerebro de un ser humano”.[10]

 

 

 

 

 

 

[1] Melajim I 5:11

 

[2] Debarim 17:17.

 

[3] Sanhedrín 21b.

 

[4] Melajim I 11:33.

 

[5] Ver Melajim I 11:4-8.

 

[6] Nefesh Hajayim 1:22.

 

[7] Ver Rashbá, Teshuvot 1:94, respecto a la Mitzvá de Shiluaj Hakén.

 

[8] Shabbat 12b.

 

[9] Rabí Israel Báal Shem Tob.

 

[10] Rabí Menajem Méndel de Kotzk.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© 2014. Musarito Semanal. Todos los derechos reservados.