Perek 2, Mishná 13,   continuación…

 

 

Rabbí Yosí dijo: Deja que la propiedad de tu prójimo sea tan preciosa para ti como la tuya propia. Hazte apto para estudiar la torá, porque no será tuya por herencia. Y que todas tus acciones sean para mayor gloria del Cielo.

 

Dice Rabbí Yosí: que todas tus acciones sean en nombre del Cielo, esto significa que incluso las acciones ordinarias que hace una persona, como comer, beber, sentarse, levantarse, caminar, acostarse, conversar y todas las necesidades corporales, deben hacerse de tal manera que sirvan al Todopoderoso. Todo lo que uno hace debe conducir a la mejora de su relación con Él y de su carácter moral.[1]

 

Obvio que Rabbí Yosí no se refiere a evitar comer cosas prohibidas; se refiere a que incluso que la persona comió y bebió cosas permitidas porque tenía hambre o sed, si lo hizo para el placer de su cuerpo, no es digno de alabanza; a menos de que tenga la intención de satisfacer las necesidades de su cuerpo, para estar sano y así poder servir mejor a su Hacedor. Y tampoco hay necesidad de decir que: sentarse, levantarse, caminar y conversar, no está hablando de sentarse en una reunión de burlones, ni de pararse en el lugar de los pecadores, ni andar en el consejo de los malhechores,[2] sino que incluso para sentarse en el consejo de los rectos y pararse en el camino de los justos, y andar en el camino de los inocentes. Si lo hizo para su propio beneficio y para satisfacer las necesidades de su cuerpo y sus deseos, no es digno de alabanza; sino solamente si lo realiza Leshém Shamáim (para mayor gloria del Cielo). ¿A qué se refiere con “al acostarse”? Incluso en un momento en que está cansado y necesita dormir para recuperarse de su cansancio, si lo hace en beneficio de su cuerpo, no es digno de elogio; sino para dar descanso a su cuerpo, y que su mente esté lista para estudiar y comprender la Torá.[3] Rabbí Yosef Caro en su monumental obra “Shulján Aruj” dictamina: Siempre que la persona disfruta de este mundo, debe pensar y sentir que lo hace solamente para el servicio del Omnipotente,[4] como está escrito: En todos tus caminos, debes tenerLo presente.[5]

 

Hay personas que actúan y hacen actos para que la gente les aplauda y los alabe; solamente se ocupan de estudiar y cumplir Mitzvot delante de la gente, ya sea por el temor o por los honores. Pero estando a solas, su comportamiento es muy distinto, estos son considerados hipócritas y farsantes. Existen otros que no actúan solamente para que los alaben. Son temerosos del Eterno, pública y privadamente. sin embargo, les gusta que los demás se enteren de sus buenos actos, quiere decir, se alegran internamente, también esto descalifica los actos, porque la persona tiene que cumplir con lo que dice el versículo: camina recatadamente con el Eterno.[6] Y debe hacer todo lo posible para que sus hechos sean solamente Leshém Shamáim. Si por un momento su corazón se enorgulleció, debe afligirse porque: todo corazón orgulloso es una abominación ante el Eterno.[7]

 

Otra de las formas que se deben evitar, es el hacer las cosas con el fin de obtener una buena recompensa por su esfuerzo en el Mundo Venidero, o para salvarse de las consecuencias del pecado. Sobre esto fue dicho: La persona siempre debe ocuparse de la Torá y las Mitzvot, aún si no lo hace Leshém Shamáim, porque al final de cuentas llegará a hacerlo Leshém Shamáim.[8] Sin embargo, la base del Servicio Divino es que sea en nombre del Cielo, porque si no lo realiza de esta forma, resultará que el individuo no estará sirviendo a su Creador, sino que lo estará realizando para su placer y beneficio. Actuar Leshém Shamáim se define así: Estudiar Torá para así poder cumplir, hacer y reparar los mundos espirituales, causando así satisfacción a nuestro Creador.[9]

 

Cuentan que en la ciudad de Berdichev no tenían ni un solo Etrog para la fiesta de Sucot. El Rab Levy Itzjak de Berdichev, mandó a sus hombres más allegados a todos los confines a buscar Etroguim. Los enviados salieron a las ciudades contiguas, hasta que finalmente encontraron en un pequeño pueblo, a un Yehudí que poseía un hermoso Etrog. Los Gabaim ofrecieron una enorme cantidad de dinero por él, pero el hombre se negó a venderlo, intentaron explicarle que el Rab Levy Itzjak, cumpliría la Mitzvá con su Etrog. El hombre entonces solicitó: “Se los daré a cambio de que después de 120 años, me ubiquen cerca de Rab Levy Itzjak (que estemos juntos en el Mundo Venidero). Debido a la premura de la fiesta, los Gabaim firmaron el convenio, sin saber cuál sería la reacción del Rab.

 

Cuando llegaron y contaron lo sucedido, el Rab les agradeció y los felicitó por el logro obtenido. Sorprendidos y sin poder pronunciar palabra, los hombres salieron de la casa del Gaón. Cuando llegó la noche de Sucot, toda la ciudad se congregó en el Bet Hakenéset, al terminar la Tefilá, todos los Jasidim se despidieron del Rab y se dirigieron a cumplir la Mitzvá de comer dentro de la Sucá. Quien había vendido el Etrog, se encontraba allí, y pensó que cenaría en la mesa del Rab. Se dirigió a su casa, y al llegar pidió permiso de acompañarlos en la cena. “Lo lamento”, se disculpó el Rab; “estamos totalmente llenos”. “No se preocupe, iré con algún vecino”. Un poco molesto, el yehudí fue a otra casa, y a otra casa, y todos le respondían: “Qué pena, no podemos recibirte, tenemos muchos invitados”. Entonces corrió hacia la casa del Rab y comenzó a gritar: “¡¿Qué, aquí es Sodoma y Gomorra, o es Berdichev?!” El Rab salió de la Sucá y el hombre le rogó: “¡Déjeme entrar, sólo quiero cumplir con la Mitzvá de la Torá! No tengo Sucá, ni pan, ni vino... Por favor, déjeme cumplirla aquí con ustedes”. “Muy bien”, dijo el Rab. “Anula la promesa que te hicieron mis Gabaim y te daré todo lo que pides”. De inmediato respondió: “¡Estoy de acuerdo! no dejaré pasar la fiesta sin cumplir con la Mitzvá que manda la Torá”. El Rab les hizo una seña a sus familiares, lo pasaron a la Sucá, comió, bebió, cantó, oyó palabras de Torá y fue hospedado en la habitación contigua a la del Rab. Cuando la fiesta terminó, el Rab le dijo: “La promesa sigue en pie. Vamos a estar juntos en el Mundo Venidero. Necesitaba confirmar si realmente eras merecedor de ello. Si desististe de todo un Mundo Venidero conmigo para cumplir una Mitzvá de la Torá, entonces de verdad mereces ese Mundo Venidero, porque cumpliste la Mitzvá en toda su totalidad Leshém Shamáim.

 

La enseñanza de Rabbí Yosí es, tal como lo observa el Rambam, un principio fundamental del judaísmo, en tan pocas palabras sintetizó y compendió una guía tan completa de vida. Y ésta sola sentencia, agrega y aporta mucho más que volúmenes enteros de otros eruditos.[10] ©Musarito semanal.  Elias E. Askenazi

 

 

 

 

 

Inclusive tu Leshém Shamáim, debe ser también Leshém Shamáim”.[11]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Rabbí Obadyá de Bartenura.

 

[2] Tehilim 1:1.

 

[3] Rabenu Yoná.

 

[4] Or Hajayim 331,1

 

[5] Mishle 3:6.

 

[6] Mijá 6:8.

 

[7] Mishlé 16:5.

 

[8] Pesajím 50b.

 

[9] Péle Yoetz; Leshém Shamáim.

 

[10] Rambam; Shemoná Perakim (introducción sobre la Mishná de Avot).

 

[11] Rabí Menajem Méndel de Kotzk.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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