Perek 3, Mishná 3   continuación…

 

 

Rabbí Shimón dijo: Si tres hombres comieron en una misma mesa y no dijeron sobre ella palabras de Torá, es como si hubieran comido sacrificios que se ofrendaron a los muertos [ídolos], como fue dicho: Pues todas las mesas están llenas de inmundicia, en ausencia del Omnipresente.[1] Pero, si tres hombres han comido en una misma mesa, y han hablado palabras de Torá, es como si hubieran comido de la mesa del Omnipresente, Bendito es Él, como fue dicho, Y Él me dijo:  'Ésta es la mesa que está delante del Señor'.[2]

 

 Rabbí Shimón bar Yojay, conecta esta Mishná con la anterior. Debemos observar cuán importantes son las reuniones pequeñas para los Sabios de estas dos Mishnaiyot. Estas fueron una de las formas en que se estudió la Torá en la época de la Mishná: la gente se reunía en pequeños círculos, tal vez alrededor de una mesa, y aprendían Torá juntos. Rabbí Shimón dice: Tres que comieron en una mesa y no dijeron sobre ella palabras de la Torá - es como si comieran de las ofrendas de los muertos. Él quiere decir: por cuanto a que no dijeron palabras de Torá, se considera como si fuera una mesa inmunda llena de ofrendas a la idolatría; los sacrificios idólatras se llaman las ofrendas de los muertos, como lo llama el versículo,[3] y por este motivo el Taná lo consideró como un acto repugnante.

 

¿Por qué es tan grave? ¿por qué lo ve tan mal el Taná? ¿Qué tiene de malo el que las personas se reúnan, convivan y disfruten de una buena comida? En la Mishná anterior habló de dos que se reúnen a conversar y aquí mencionó a tres y los figuró comiendo en una mesa, ¿no era suficiente con mencionar solo a los dos y de allí aprendo para todos los casos?

 

Explican los exegetas: la persona está formada de dos elementos: Un cuerpo, que es el que come, duerme, camina, el que disfruta, sufre, etcétera, pero eso es solo una parte del hombre. También tiene un alma. A los dos se les debe alimentar, tanto al cuerpo como al espíritu. El cuerpo lo alimentamos con comida física: pan, carne, verduras, etc. ¿Y con qué alimentamos al espíritu? Con palabras de Torá. La parte del cuerpo, en realidad, es la parte mortal de la persona, el cuerpo no es el que le da vida al organismo, un cadáver puede estar intacto y sin vida, ¿qué es lo que le falta para seguir respirando? Le falta el alma. Lo que le da vida es el espíritu que el Creador insufló dentro de ese cuerpo. Dijo Rabbí Shimón: Tres personas que comieron en una mesa y no dijeron palabras de Torá, significa que solamente alimentaron su carne, la parte mundana de su cuerpo, entonces si las personas se reúnen solo a comer es como si comieran de las ofrendas de los muertos, están alimentando a algo que está destinado a fallecer. Pero los que hablaron palabras de Torá, no solamente alimentan sus cuerpos para tener fuerza para servir al Eterno, también nutrieron a su parte espiritual, la parte viva e inmortal, es como si comieron de la mesa del Omnipresente.

 

¿Cómo puede un ser humano ser invitado a la mesa del Señor? El Talmud declara que mientras existía el Templo Sagrado, los judíos purgaban sus pecados ofrendando sacrificios en el altar. Había diferentes tipos de Korbanot (sacrificios), había uno que se llamaba Olá (Holocausto), se acercaba y se quemaba totalmente, pero había otro que se denominaba Shelamim (ofrenda de paz), de este sacrificio, una parte se acercaba en el Altar, otra se repartía entre los Cohanim y el resto podía ser consumido por aquel que lo acercaba. Y aunque ese animal estaba consagrado para el Bet Hamikdash, pero después que las partes asignadas ya fueron ofrendadas, el Eterno le está compartiendo de la carne. Ahora que el Templo Sagrado ya no existe, es la mesa familiar la que le facilita la expiación.[4]

 

Para el judío la mesa es considerada un Altar:[5] el alimento que se sirve en ella es equivalente a una ofrenda. Somos receptores de la generosidad con que el Señor nos ha bendecido, y comemos para estar saludables y servirlo mejor. En efecto, "ofrendamos" nuestro alimento en el servicio al Todopoderoso. La idea de considerar la mesa como un Altar y ennoblecerla con palabras de Torá, surge en parte del sentimiento de que el proceso físico de comer no es particularmente ennoblecedor, es un acto mundano y en consecuencia, requiere de redención y santificación. Las palabras de Torá pronunciadas en la mesa, la consagran y dan al acto de comer un propósito y una significación más elevados.

 

El Todopoderoso, con Su gran bondad, mandó mucha bendición al mundo con toda clase de comidas y distintas formas de prepararlas, de manera que hay una gran variedad de cosas agradables para el paladar. Y aunque el ser humano sólo necesita pan y agua para subsistir, con Su infinita misericordia, crea y da constantemente vida a una infinita variedad de sabores, colores, aromas para agradar a la humanidad. Cuando una persona come, su cuerpo digiere y absorbe los elementos y propiedades físicas del alimento, pero el elemento de Divinidad que contiene la comida, nutre y sostiene también a su alma.

 

En la actualidad el comer perdió su función principal y genuina a los ojos de la gente, y en lugar de ser sólo una necesidad para la supervivencia en forma agradable y respetable, se convirtió la gula en un fin en sí mismo. El tema de la comida es comentado todo el tiempo por la gente, “¿Qué comiste? ¿Cuál es el mejor restaurante? ¿Cuál es el platillo más exquisito?”, así la comida pasó de ser un medio para subsistir, y se convirtió en un fin en sí mismo al cual hay que sacarle todo el provecho hasta en el más pequeño detalle.

 

Nuestras mesas deben ser distintas a las de aquellos que se entregan completamente a la satisfacción de sus necesidades físicas, totalmente embelesados con los placeres de la comida. Hay normas escritas en el Shulján Aruj que indican las pautas de conducta en la alimentación y en la mesa, pero observa que una de las más fundamentales, es el pronunciar palabras de Torá en la mesa. Todo esto contribuye a recordarle a la persona, a cada uno en su nivel, la finalidad principal de la comida. Es un medio para poder mantenernos para hacer la Voluntad del Todopoderoso. Si nos cuidamos y no nos arrastramos tras el instinto animal vamos a tener el privilegio de que nuestra mesa se llame: esta es la mesa que está delante del Señor,[6] y esta va a perdonar nuestros pecados como lo hacía el Mizbeaj (Altar) en el Mishkán (Tabernáculo).[7]  ©Musarito semanal.  Elias E. Askenazi

 

 

“Dale a tu cuerpo el alimento, lo suficiente que pueda soportar. Y dale a tu alma sabiduría y filosofía, más de lo que crees que pueda soportar”.[8]

 

 

 

 

 

 

 

[1] Yeshaayá 28:8.

 

[2] Yejezequel 41:22.

 

[3] Tehilim 106:28; ver también Rambam en Mishná Abodá Zará 3:8

 

[4] Berajot 55a.

 

[5] Shulján Aruj 167,5.

 

[6] Yejezequel 41:22.

 

[7] Rabbí David Shwekey.

 

[8] Rabbí Shelomó de Redomsk.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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