Perek 4, Mishná 10, continuación...

 

 

Rabí Meir dice: Reduce tu dedicación a los asuntos de negocio y ocúpate de la Torá. Sé humilde de espíritu ante cualquier hombre. Y si has descuidado la Torá, se te presentarán muchas razones para anularla, más si te esforzaste por la Torá, Él te recompensará generosamente.

 

En todas las épocas de la humanidad, el tema del sustento ha sido siempre algo que distrae al hombre de sus obligaciones religiosas.  Tiene que luchar sin tregua para conciliar su trabajo con sus obligaciones y su fidelidad a la Torá. El que busca ganarse el pan honradamente, sin perjudicar a otros, sin profanar el Shabat y sin abandonar el estudio de la Torá, será recompensado generosamente. Constituye un gran desafío para el hombre el que la Torá sea su principal ocupación, esta debe ser la guía en la distribución de su tiempo, energía y dinero, procurando vivir con un sentido judío de valores, dedicándose menos a los negocios y más a la Torá.[1]

 

Rabí Meir predicó según vivió, y vivió según lo que predicó. El Midrash relata que él era un escriba excelente,[2] con su sagacidad y sus conocimientos podía haber alcanzado una posición económica bastante acomodada, sin embargo, trabajaba moderadamente hasta que ganaba tres Selaím[3] por semana. Gastaba un Séla para sustento, otro para vestir a su familia, y el tercero para mantener a otros estudiosos que eran más pobres que él. Cierta vez, sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿qué será de sus hijos?" [ya que no ahorraba nada]. "Si habrán de ser piadosos", respondió, "se les proveerá de lo necesario,[4] como dijo el rey David: 'Yo he sido joven y [ahora] soy anciano, y nunca he visto a un justo desamparado, ni a su simiente que mendigue pan'.[5] De lo contrario [si no habrán de ser piadosos] ¿por qué habría de legar mis bienes a quienes se apartan del Omnipresente?".

 

Rabí Nehorai [según los comentaristas, es un apelativo de Rabí Meir] dice: “Dejo de lado todos los oficios del mundo y le enseño a mi hijo sólo Torá”.[6] Pues a diferencia de otras profesiones, el hombre disfruta de su recompensa en este mundo, y la recompensa principal le queda para el Mundo Venidero. Además, si una persona enferma, envejece, o padece sufrimientos, y no puede dedicarse a su oficio, podría morir de inanición. Pero con respecto a la Torá no es así, ya que se puede estudiar bajo cualquier circunstancia. Más bien, lo preserva de todo mal y pecado en su juventud, y le proporciona un futuro y esperanza en su vejez. Rabí Jiyá decía después de sus oraciones diarias: “¡Que sea Tu voluntad, Señor nuestro, que Tu Torá sea nuestra única profesión, y que no nos abandonemos al desánimo!”.[7] Es la obligación de todo padre de familia, enseñar a sus hijos la herencia de sus antepasados, y procurar que se interesen más en un ideal más noble que el de adquirir y legar solamente bienes materiales.

 

Un hombre anciano sentía que el final de su vida estaba cerca, por lo tanto, decidió visitar a cada uno de sus tres hijos, sintió que era el momento de dejar sus bienes en orden. Visitó a su hijo mayor y le preguntó: "Hijo mío, cuando yo no esté en este mundo, ¿qué vas a hacer por mí?". Esta pregunta sorprendió al joven y sobre todo entristeció al mayor de sus hijos: " Papá... ¿estás bien? ¿Hay algo grave que yo no sepa?”. El padre le aclaró que lo único “grave” era el paso del tiempo, y que sentía que era prudente dejar algunas cosas preparadas, incluso en el terreno espiritual. "Pues bien, ¿qué harías en mi recuerdo?". El hijo, algo más repuesto, le respondió que sin dudar estudiaría Torá en su nombre, que daría Tzedaká a su memoria y que siempre lo tendría presente para destinar a su elevación cualquier Mitzvá que pudiera hacer. El hombre se quedó más tranquilo, bendijo a su hijo y partió a ver al segundo.

 

Cuando estuvo frente a él, le formuló la misma pregunta: "Qué harás por mi alma cuando ya no esté en este mundo?” Otra vez la sorpresa y el dolor sorprendieron al hijo, y finalmente su respuesta: "Papá, todo lo que alcancé en la vida te lo debo a ti. Me enseñaste un oficio y bien sabes que gracias al Creador hice una buena posición. Bueno... tomando eso en cuenta, destinaría lo que fuera necesario para pagar el costo de algunos Abrejim, para que estudien cada día en tu nombre". El padre se quedó más que satisfecho con esta respuesta y partió a visitar al menor de sus tres hijos.

 

Ante los ojos del padre, era el "pequeñín", aunque ya era un hombre casado y tuviera hijos propios, había sido el más mimado. Después que el padre le hiciera la misma pregunta que a los hermanos respondió: "El día que tú me faltes... ¡Ay de mí, Ay de mi alma! ¡Perdería a mi padre y mi mejor amigo! por eso nunca pienso en ese gran dolor, pues seguramente se me desgarraría el corazón. Pero debo confesarte que algo sí tengo programado. Y te voy a llevar conmigo para que lo veas, ¡sígueme por favor!”. El intrigado padre caminó detrás del último vástago de la familia; salieron de la casa, caminaron por un camino hasta las afueras de la ciudad y entraron a una especie de cueva bastante misteriosa. De más está decir que el padre no entendía en que podría consistir lo que iría a hacer por él….

 

Entraron a la cueva, y mientras avanzaban por ella, la luz se hacía cada vez más tenue, hasta que en un momento quedaron totalmente a oscuras. "¿Y ahora?", preguntó el padre asustado. El hijo sacó una vela del bolsillo, la encendió y se hizo la luz. "Papá, ¿ves qué importante es tener la posibilidad de iluminar las penumbras sin depender de nadie?”. "Tú sabes cuánto te quiero y que jamás te juzgaría... Pero... ¿Por qué no usamos el tiempo que te queda, quiera el Todopoderoso que sean muchos y buenos, para que la luz que necesites allá Arriba dependa también de ti? Y bien sabemos los dos donde se consiguen esas "velas"... No están en ningún anaquel del supermercado. Están sí, en los libros de Torá de la Yeshivá que hace tantos años te están esperando...".

 

Salieron de la cueva. Se dieron un prolongado abrazo. Secaron sus lágrimas y el hijo menor mirando a los ojos a su padre le dijo: “Papi, hace mucho que no vamos juntos a un Shiur. Más tarde iré a estudiar con el Rab la Perashá de la semana. Ven conmigo, se va a poner contento de volver a verte. Y si te gusta lo que escuchamos, podrás contarlo a tus nietos en la mesa de Shabat”. Padre e hijo caminaron juntos. Comenzaba a caer la tarde. La Vida, es decir la Torá, los estaba esperando.[8]

 

En las Leyes Divinas no encontramos ninguna prohibición acerca de trabajar para conseguir el sustento, al contrario, el hombre que lo lleva a cabo con honradez es alabado. Encontramos que nuestros patriarcas y varios eruditos que los sucedieron, poseían su propia fuente de recursos. El judaísmo no ensalza a aquellos hombres que se sumergen totalmente en la lucha por la existencia, hasta el extremo de excluir todo lo demás. El hombre debe buscar el sentido de su existencia, este es el sello distintivo del hombre creyente: la Torá debe constituir su primera y principal ocupación, su interés primordial, su verdadera tarea vital, el resto de su ocupación debe ser para vivir con dignidad sin tener que depender de las demás criaturas. © Musarito semanal.    by Elias E. Askenazi

 

 

“Cuatro actividades requieren de fortalecimiento constante: la Torá, las buenas acciones, la plegaria y ganarse el sustento”.[9]

 

 

 

 

 

 

 

[1] Nidá 70b.

 

[2] Guitín 67a, T. Yerushalmi, Meguilá 4,1.

 

[3] Moneda circulante en aquella época.

 

[4] Kohélet Rabá 2,17.

 

[5] Tehilim 37:25.

 

[6] Kidushín 82a.

 

[7] Berajot 16b.

 

[8] Rab Rafael Freue.

 

[9] Berajot 32b.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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